31 agosto 2007

Una mala temporada

Cuando comenzó el año no podía ni imaginarme todo lo que iba a ocurrir en este 2007, que aún no ha acabado. La mayor parte de todas estas cosas remarcables han sido, en su mayoría, negativas. A decir verdad, cuando acababa el pasado 2006 ya se comenzaba a intuir en la lejanía del tiempo que las cosas no iba a ir muy bien. Todo esto que ha ocurrido, que no viene ahora al caso, ha tenido consecuencias en todos los ámbitos de mi vida, incluído el que aquí toca, el ciclismo.

He visto cómo mi temporada se frustraba desde los inicios. Una inoportuna caída el mismo 31 de diciembre, durante la disputa de la carrera de ciclocross del Fòrum, me produjo una lesión en la pierna derecha que me tuvo casi un mes inactivo, con lo que mi preparación de cara a la temporada de carretera se vio frenada. Pero la ilusión era fuerte y apenas pude volví a la carga, con la motivación extra de sobreponerme y las ganas de recuperar el tiempo perdido.

Pero tampoco sirvió de nada. Al poco, un maldito dolor, que ya conocía, apareció por mi espalda. Y ese dolor con el tiempo se fue haciendo más fuerte e insoportable, hasta que al final me fue imposible incluso levantarme de la cama. Este problema, por decirlo con suaves palabras, me ha tenido en jaque durante bastantes meses; incluso a día de hoy sigo acarreando las consecuencias del problema, pero comienzo a ver la luz a final del túnel.

En cuanto al ciclismo, en general, las cosas tampoco han ido especialmente bien. Han aparecido casos de dopaje por doquier, incluso de ciclistas retirados hace años, como es el caso de Rijs (parece que repartiesen dinero por contar estos episodios oscuros de sus vidas), y quizás lo más sonado haya estado en el Tour, donde el escándalo puso en bandeja el triunfo a un fortísimo Alberto Contador que ni dando negativo en los controles se libra de la sospecha. Ahora la UCI nos viene con el cuento de Alejandro Valverde: no quieren que compita en los Mundiales de Stuttgart porque no está clara su no-implicación en la Operación Puerto, cuando tanto la Guardia Civil como el juez ya lo dejaron claro hace meses. El caso es que estos "señores" de la UCI tienen que dar la nota a costa del deporte que les mantiene.

En fin, y de vuelta a mi mundo, con la temporada de carretera ya a punto de finalizar y con la de ciclocross a punto de comenzar, se puede decir que, ciclísticamente (y no sólo ciclísticamente), este ha sido un año nefasto. Y quizás, lo que más me duele, es el saber que no voy a poder quitarme la espina de la Escalada a Montjuic del año pasado. Ha sido una jugarreta del destino; pero estoy seguro que a partir de ahora va a ser diferente.